Observar lo desconocido

Heru Hikayat. Curador de Arte para la Exposición en la Galería Nacional de Indonesia (Jakarta).

Lo que pasa es que esta galería es como una cualquiera en que se pueden ver cuadros de fruta y todo eso en las primeras salas y luego la cosa cambia, se vuelve extraño. Primero pasamos por unas cuantas salas que contenían cuadros que no son de nada en concreto, sólo manchas de pintura y luego pasamos a la zona de la nueva exposición, donde no hay muchos cuadros.

(Nick Hornby; Nipple Jesus)

Contemplar los cuadros digitales de Nonia de La Rosas es un reto único para mí. Como son obras digitales, lo primero que se me ocurrió fue: ¡qué diferente es ver una obra de arte “original” y la imagen de tal obra! Y luego, el estilo siendo abstracto, provoca otra pregunta: ¿qué estamos mirando exactamente?

Cuando empecé a estudiar Bellas Artes, no sabía nada acerca del arte contemporáneo y tampoco de las muchas instituciones válidas que lo sustenta. No tenía ni idea del aspecto que tendría una galería. Nunca había tocado un lienzo. Y fue entonces cuando pasé mi adolescencia en una academia de arte que una vez había sido bautizada “El Laboratorio del oeste”. Fue una época de reto, llena de procesos de adaptación, distintos problemas… fue divertido.

En ese periodo de tiempo me estaba adaptando paulatinamente al arte moderno. Comencé en el nivel práctico y progresé al nivel teórico. Poco a poco, me acostumbré a las formas que fueron consideradas como “artísticas” en el mundo del arte, hasta un punto cuando empecé a conocerlas muy bien. Sin embargo, cuando digo “conocerlas”, no quiero decir que siempre comprendía completamente lo que tenía delante de mí. Obras de arte permanecen impredecibles y continuaban a retar el conocimiento que yo pensé que dominaba.

Arte abstracto es una de esas cosas. Aunque durante años de exploración desarrollé una atracción hacia las esculturas de Alexander Calder, por ejemplo, aún entonces no pude explicar porqué esas esculturas eran tan importantes para mí. Todavía no podía decir que realmente entendía lo que empuja a una persona a pasar largas horas delante de una obra de arte sin forma ninguna.

Una vez, un amigo mío que también era curador, volvió de Nueva York y trajo con él una foto de un hombre sentado delante de un cuadro de Jackson Pollock. Ese hombre estaba sentado en el lado derecho de una especie de banco-sofá de tres plazas. La foto fue tomada desde detrás del hombre, así que sólo podíamos ver su espalda, y también teníamos una buena vista del cuadro. Después de un año aproximadamente, tuve la oportunidad de ver otro cuadro de Pollock. Curiosamente, delante de mí, además del cuadro, también había un
banco-sofá similar al que vi en la foto del hombre que estaba sentado en el extremo derecho. Así, que me metí en la cola y esperé hasta que se marchara el hombre. Y luego, me senté en el lado derecho, creando de nuevo la misma escena.

Delante del cuadro de Pollock estaba aturdido, mis labios inmóviles pero mi mente gritaba en alto. ¿Qué es esto delante de mí? Imágenes de distintas interpretaciones de libros, charlas impartidas por conferenciantes: esas eran las cosas que llenaron mi mente. Después de varios meses, conseguí controlar todos estos ruidos. Y luego mis ojos empezaron a explorar las gotas de pintura en el lienzo de Pollock. Imaginaba cómo habría vertido sus pinturas, cómo habría movido su cuerpo, y sus emociones (pueden haber cambiado) y otras cosas. Los ruidos, y el esfuerzo de callarlos, la acción de disfrutar de lo que se veía, me
había obligado a sentarme delante del cuadro de un imagen sin forma durante un rato largo. Y lo que era aún más extraño, era que estaba aparentemente recreando la escena de la foto de mi amigo. ¡Cómo nos puede afectar! ¡Es sorprendente!

Mi experiencia delante del cuadro de Pollock me enseñó una lección sobre la unicidad de contemplar una obra de arte original, no sólo una reproducción. Puedo examinar cómo fluye la presencia de la gravedad. Estas cosas no habrían sido apreciadas si hubiera visto una mera reproducción.

Y ahora, acerca de las obras de arte de Nonia de la Rosa. Cuando escribí este ensayo, no había conocido a Nonia, ni había visto sus obras. Sin embargo, vivimos en una era en la cual podemos trabajar juntos e incluso crear un camino que nos puede llevar al futuro sin tener que ver a nuestros colaboradores…¿Verdad? Esto facilitó nuestra colaboración personal en este proyecto.

Respecto a su obra, las pinturas digitales de Nonia están compuestas únicamente sobre una pantalla y luego las da forma, no con sus manos sino con una máquina. Es muy probable que no podamos ver trazos realizados por la artista en sus creaciones. Creí que ésto presentaría sus propios retos. Necesitaba poder manejar los ruidos y abrirme. ¿Qué diferencia hay en ver copias de una obra que en ver la obra original? Sería casi ritualístico plantarse delante de las obras originales en las exposición.

Una exposición es un ritual. La separación entre el mundo real y el virtual se hace cada vez menos aparente aunque una exposición de bellas artes todavía glorifica el significado entre uno mismo y la obra de arte.

La primera pregunta que le hice a Nonia fue sobre su hogar, ¿en qué entorno vivía? Ella dijo que vivía en el campo, en una casa familiar con dos perros y un caballo. Imaginé una zona abierta, no abarrotada como lo que se encuentra en los espacios urbanos. Sin embargo, desistí hablando sobre este tema cuando Nonia me contó que nunca había tenido una formación “convencional” en bellas artes. No tenía interés en crear formas representativas. Era claro que quería transmitir algo. Quizás lo que intenta hacer entender es que no se puede expresar su arte usando formas reales de este mundo.

Nonia comentó que empezó a interesarse por la composición de figuras sin forma en la pantalla del ordenador. Su posesión de herramientas y programas informáticos sofisticados le permitieron componer las formas que ella siente que representan sus sentimientos. Emociones abstractas, por supuesto. Así son, ¿Verdad? El lenguaje siempre está atrapado en un dilema: puede ser entendido porque se compone de códigos que son aceptados en un entorno social, pero lo que quiere transmitir proviene de un origen privado, a menudo muy personal y puede que sea una comunicación “pre-lingüística”.

Siempre he estado interesado en la anécdota corta de “Nick Hornby” que está al principio de este ensayo. En el comentario se entiende que la imágenes siempre son de algo que se puede reconocer. Luego, cuando no representan nada que conocemos, los que las contemplamos tenemos problemas para entenderlas. Respecto a las obras de Nonia, creo que la pregunta importante es: ¿y si lo que ella quería decir no puede ser representado por nada que existe en el mundo real?

Opino que la clave primordial de poder ver las obras de Nonia es liberarnos de nuestro apego a cosas visibles, tangibles que existen en nuestro entorno e intentar alcanzar algo dentro de nosotros mismos. Si podemos afrontar lo desconocido, entonces podemos disfrutar de sus obras de arte.

Esto era un periodo cuando el mundo estaba siendo descubierto por aventureros que eran lo suficientemente valientes para explorar territorios desconocidos, crear mapas de este nuevo mundo. Así que ahora tenemos mapas bastantes para explorarlo con éxito. Lo principal de este tema es: saber significa dominar a la perfección. Ahora las cosas son distintas y como nos aconseja el Canal National Geographic – Adventure: ¡Perdámonos! Los exploradores con experiencia admitieron que conformarse con conocer todo no es la actitud correcta para un explorador. Si nos situamos delante de las obras de arte de Nonia de la Rosa, significa que vamos a tener que abrirnos a lo desconocido, a una nueva experiencia.

Indonesia, Bandung, Abril 2014